Valores

Cuando hablamos de valores no nos referimos a los conceptos éticos y normas morales que nos hacen ser los mejores, si no a aquellas cualidades que nos caracterizan como profesionales y que nos posicionan como una necesidad. Quede claro que no somos los mejores en nada, pero sí que sabemos quién lo es, a quién se puede llamar y de quién te puedes fiar. Nuestro valor es el de ser un compañero de viaje en el que se puede confiar para proveer de los recursos necesarios para llegar a buen puerto. Estos son los pilares sobre los que trabajamos:

Análisis de viabilidad técnica

La gran mayoría de los clientes con los que hemos trabajado, por mucho conocimiento técnico que tengan, siempre llegan a la misma frase: “esto no sé si se podrá hacer”. Esto puede resultar muy peligroso, ya que no hay cosa que un proveedor tema más que un cliente que no está seguro de lo que quiere. Y cuanto antes salga esta frase, mucho peor. Nuestro trabajo es comprender todo lo que el cliente espera de su software, y nos encargamos de analizar si es posible llevarla a cabo dentro de las limitaciones del cliente, ya sean económicas y temporales, y ayudar a establecer las prioridades.

Control de presupuestación

Directamente ligado al punto anterior se encuentra la presupuestación. En general, con tiempo es posible hacer todo lo que uno quiera, pero este es precisamente el factor más caro en un desarrollo software. Por eso una de nuestras tareas es asesorar el orden en el que se va a ejecutar cada una de las fases para que resulte lo más económico posible dentro de la funcionalidad requerida. También intentamos descubrir durante la fase de consultoría todas aquellas funcionalidades que pueden pasar inadvertidas para evitar en la medida de lo posible que se conviertan en desarrollos adicionales que puedan elevar el coste final del proyecto

Asesoría técnica

Este punto es muy importante, porque define lo que hacemos y lo que no hacemos. Nuestro cometido es asesorar sobre cómo realizar el desarrollo y controlar su calidad. Podemos en ciertas ocasiones realizar pequeños desarrollos a modo ilustrativo, pero no somos “Informáticos”. Es decir, no somos aquellos a los que hay que llamar si no hay internet en la oficina, ni nos vamos a encargar de comprar un ordenador ni mucho menos instalarlo, no vamos a editar con photoshop un diseño, y ya adelantamos que no tenemos ni idea de por qué no imprime la impresora. No lo hacemos por una sencilla razón que nada tiene que ver con el orgullo profesional, no lo haremos porque jamás vamos a recomendar a alguien que no sea experto en su campo, y eso nos incluye a nosotros mismos. Pero sí que vamos a saber a qué servicio técnico hay que llamar, a quién le podemos pedir un cambio de un diseño y qué asesor comercial puede ayudar al cliente en sus compras. Somos asesores y acompañamos a nuestro cliente como si fuéramos parte de él, pero no tomamos atajos ni empleamos herramientas inadecuadas.

Gestión de expectativas

Esto es lo que nos posiciona en el mercado. Tenemos la capacidad de hablar el mismo idioma del cliente y del proveedor, comprendemos las ideas del emprendedor y el código del desarrollador, y nuestro cometido es determinar el “Qué puedo esperar” del cliente y el “Qué debo entregar" del desarrollador antes de que empiece el trabajo. Nos encargamos de concretar fechas razonables para ambas partes y sobre todo no nos temblará el pulso si por el bien de uno u otro recomendamos que el desarrollo no se lleve a cabo. No estamos ni de lado del cliente ni del proveedor, estamos del lado del producto y nuestra misión es la de que sea realizado en presupuesto, en plazo, con calidad y sin perjuicio de ninguna de las partes. Por eso las expectativas se determinan antes y solo antes de comenzar el trabajo.

Control de calidad

Cualquiera que se haya dedicado al desarrollo software sabrá lo extraordinariamente complicado que es realizar el control de calidad de este tipo de productos, ya sea por la variedad de plataformas sobre las que puede correr o por la cantidad de casos de prueba que se pueden dar. Por eso, siendo conscientes de que el software es un elemento que está vivo durante su vida útil, nos focalizamos en identificar qué requisitos son esenciales para que el software sea comercialmente viable dentro de los costes de desarrollo, para más tarde gestionar un plan evolutivo que haga que el producto final poco a poco gane su carácter distintivo. Es casi imposible hacer un sistema a prueba de fallos, pero cuanto más funcional y amplio se quiera hacer desde el principio más complicado será, por eso preferimos acotar la funcionalidad asegurar calidad antes que cubrir todos los potenciales campos de explotación.

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